Nadia se levantó con los primeros rayos del sol bañando la buhardilla. Decidió quedarse en la cama, disfrutando relajada de esa dicha que le henchía el alma.
Pipipi pi pi pipipi. Un nuevo SMS.
“Hola, Nadia:) Staba tcando la guitarra & pensando n ti tdo el rato...& he pnsado k podrías vnir a mi casa a nsayar 1 ratito. K t parece? Qdamos sta tarde a ls 5? Tú & yo solos, klaro. 1 beso! Damen :D”
Nadia se precipitó a escribir la respuesta, con las manos temblorosas.
“Klaro k kiero kdar cntigo:):):) OK, a ls 5 n tu casa. Chao, bsitos! Nadia<33”
Se quedó petrificada un segundo; aún tenía que asimilar lo que le acababa de pasar. Damen le había pedido salir esa tarde. En ese instante supo lo que debía hacer: abrió el cajón del escritorio y sacó el viejo diario.
Antes de escribir decidió releer lo que había escrito el día anterior. Pero, ¿dónde estaba? Lo que había escrito había desaparecido, y, en su lugar, estaba escrito:
“Hola, Nadia. Me alegro de que te hayas abierto y me hayas confesado tus sentimientos por Damen. Pero, sintiéndolo muchísimo, he de decirte que ese chico no te conviene. Bueno, saludos. Estaremos en contacto. Alice.”
Nadia estaba estupefacta. ¿Quién le había escrito eso? ¿Por qué Damen no le convenía, y, sobre todo, quién demonios era esa tal Alice?
No tardaría mucho en averiguarlo.
--Ese mismo día, justo después de comer--
- Nadia, cielo- dijo su madre, poniéndole la mano en el hombro. –Volvemos a Countfield ahora, en una hora o así. Tenemos que recoger las últimas cosas de la casa y darles las llaves a los nuevos inquilinos. ¿Vienes o te quedas aquí sola el fin de semana?
Nadia dudó. No quería faltar a su cita con Damen por nada del mundo, pero volver a Countfield, ver a sus viejos amigos de nuevo, su casa, todo…era todo tentador.
- Creo que me quedo, mamá- decidió finalmente.- Si vuelvo a Countfield volvería a echarlo todo de menos, no soportaría tener que volver a despedirme de mi vida de antes de nuevo. Además, tengo nuevos amigos, y he quedado…
- ¿Ah, sí?- respondió la madre, sorprendida- ¡Me alegro por ti, hija! Veo que te has echado amigos muy pronto…puedes quedarte, pero acuéstate temprano y no armes jaleo en casa.
- Ya sabes que no, mamá.
Nadia volvió a su habitación. Tenía que contarle al diario lo de su cita con Damen. En realidad no quería, pero el viejo cuaderno la atraía irresistiblemente, la incitaba a confesarse, a abrir su corazón…
4 de septiembre
“Hola, Alice, o como quiera que te llames.
No sé por qué, pero necesito contarte que tengo una cita con Damen esta tarde…y tú no vas a convencerme de que no vaya, por mucho que me digas que no me conviene. Encantada de conocerte. Espero que respondas, y conocerte mejor, a pesar de que no hemos empezado con buen pie.
Un beso, Nadia:)”
Nadia comenzó a prepararse para ir a su cita. Debía estar muy guapa. Después de arreglarse, limpió el clarinete como tres veces, antes de decidir que estaba lo suficientemente limpio.
Al echarle un último vistazo al diario, antes de guardarlo, descubrió que tenía un nuevo mensaje.
Hola, Nadia. Veo que no me haces caso, así que te lo repetiré: NO TE CONVIENE SALIR CON DAMEN. Y más te vale hacerme caso, porque de lo contrario te arrepentirás; y luego no me vengas con lloros, diciendo que Damen te ha roto el corazón o algo por el estilo. Yo también espero conocerte más a fondo.
Saludos, Alice.
Nadia estaba completamente indignada. ¿Con qué derecho se atrevía esa tal Alice, de la cual apenas sabía nada, a decirle lo que tenía que hacer y lo que no? Decidió responder a su mensaje.
¿Y en qué te basas para estar tan segura de que Damen no me conviene? A mí me parece un chico encantador, simpático, inteligente y guapo.
A los dos minutos obtuvo su respuesta; empezaron a aparecer letras en tinta, lentamente. Al final las palabras formaron un breve mensaje:
NADIA: YO SALÍ CON DAMEN, Y NO QUIERO QUE TÚ PASES POR LO QUE YO PASÉ.
Nadia no daba crédito a lo que oía. Se quedó petrificada y se sentó en la cama, mirando al frente, con los ojos vacíos.
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