martes, 14 de febrero de 2012

Capítulo 5# ¿Qué me está pasando?

--En la puerta de la casa de Damen, una hora más tarde—
Ding dong. Nadia esperaba nerviosa. El corazón parecía salirse del pecho, latía tan fuerte que temía que alguien lo escuchara. A los treinta segundos, más o menos, Damen abrió la puerta.
-          Hola, te estaba esperando. Quiero que veas algo. – dijo Damen, con una sonrisa radiante que sería capaz de derretir hasta un iceberg.
-          ¿Qué es? ¿Qué es?- dijo Nadia, emocionada.
Damen esbozó una sonrisilla nerviosa.
-          Ya lo verás…es una sorpresa.
Entraron a la casa. Todo estaba lleno de flores: las mesas, el suelo, las ventanas, las estanterías…
-          Es obvio que a tu madre le gustan mucho las flores…
-          Ya, es que de hecho trabaja en la floristería de Prinston. A mí me parece que la casa queda un poco sobrecargada, pero…
-          A mí me gusta- dijo Nadia, radiante.
Llegaron a la habitación de Damen, que resultó estar en el ático, al igual que la de Nadia.
-          ¡OMG! Tienes pósters de Green Day… ¿te gusta?
La habitación estaba repleta de las fotos de Billie Joe Armstrong y el resto del grupo. Parecía ser que le encantaba el grupo.
-          ¿Qué si me gusta? ¡Me encanta! Soy su fan número 1.
-          No, yo soy su fan número uno…- respondió Nadia.
Los dos rieron, felices.
-          Escucha, la he compuesto para ti.
Damen cogió la guitarra. Era una Gibson, totalmente forrada con pegatinas de AC/DC, Los Rolling Stones, Los Beatles, Nirvana, Green Day, y un montón de grupos más que Nadia no conocía.
Comenzó a cantar una canción. Nadia no pudo evitar sonreír, la música la envolvía, se fundió con ella, las notas la deleitaban dulcemente, se balanceaba al ritmo del compás. Agitaba el pelo, su cuerpo temblaba y se movía salvajemente, sus piernas golpeaban el suelo sin parar. Se sintió libre, como un pájaro volando sobre las inmensas estepas de Mongolia.
-          Bueno, ¿qué te parece?- dijo Damen.
-          ¡Es genial! Me encanta, en serio, te hace sentirte libre, te hace olvidar el mundo real, te traslada a lugares mágicos…
-          ¿Te apetece dar un paseo por la playa? Tengo una sorpresa para ti.
-          ¡Claro!
Se encaminaron por el sendero que bajaba a la cala de Prinston. Ninguno de los dos mediaba palabra. Finalmente llegaron a un sitio bajo una palmera, con unas toallas, unas velas y un picnic.
-          ¡Vaya! Todo esto es genial…
Charlaron hasta bien entrada la noche. Pero había algo ahí y no podían ignorarlo. Los dos sentían algo muy especial. Se miraron de pronto a los ojos y supieron lo que el otro sentía. Tenían una conexión tan grande, que eran como una sola persona. Se acercaron lentamente.
Y se besaron apasionadamente.

Capítulo 4#La música, mi vida.

Nadia se levantó con los primeros rayos del sol bañando la buhardilla. Decidió quedarse en la cama, disfrutando relajada de esa dicha que le henchía el alma.
Pipipi pi pi pipipi. Un nuevo SMS.

“Hola, Nadia:) Staba tcando la guitarra & pensando n ti tdo el rato...& he pnsado k podrías vnir a mi casa a nsayar 1 ratito. K t parece? Qdamos sta tarde a ls 5? Tú & yo solos, klaro. 1 beso! Damen :D”

Nadia se precipitó a escribir la respuesta, con las manos temblorosas.

“Klaro k kiero kdar cntigo:):):) OK, a ls 5 n tu casa. Chao, bsitos! Nadia<33”

Se quedó petrificada un segundo; aún tenía que asimilar lo que le acababa de pasar. Damen le había pedido salir esa tarde. En ese instante supo lo que debía hacer: abrió el cajón del escritorio y sacó el viejo diario.
Antes de escribir decidió releer lo que había escrito el día anterior. Pero, ¿dónde estaba? Lo que había escrito había desaparecido, y, en su lugar, estaba escrito:

“Hola, Nadia. Me alegro de que te hayas abierto y me hayas confesado tus sentimientos por Damen. Pero, sintiéndolo muchísimo, he de decirte que ese chico no te conviene. Bueno, saludos. Estaremos en contacto. Alice.”

Nadia estaba estupefacta. ¿Quién le había escrito eso? ¿Por qué Damen no le convenía, y, sobre todo, quién demonios era esa tal Alice?
No tardaría mucho en averiguarlo.
--Ese mismo día, justo después de comer--
- Nadia, cielo- dijo su madre, poniéndole la mano en el hombro. –Volvemos a Countfield ahora, en una hora o así. Tenemos que recoger las últimas cosas de la casa y darles las llaves a los nuevos inquilinos. ¿Vienes o te quedas aquí sola el fin de semana?
Nadia dudó. No quería faltar a su cita con Damen por nada del mundo, pero volver a Countfield, ver a sus viejos amigos de nuevo, su casa, todo…era todo tentador.
-          Creo que me quedo, mamá- decidió finalmente.- Si vuelvo a Countfield volvería a echarlo todo de menos, no soportaría tener que volver a despedirme de mi vida de antes de nuevo. Además, tengo nuevos amigos, y he quedado…
-          ¿Ah, sí?- respondió la madre, sorprendida- ¡Me alegro por ti, hija! Veo que te has echado amigos muy pronto…puedes quedarte, pero acuéstate temprano y no armes jaleo en casa.
-          Ya sabes que no, mamá.
Nadia volvió a su habitación. Tenía que contarle al diario lo de su cita con Damen. En realidad no quería, pero el viejo cuaderno la atraía irresistiblemente, la incitaba a confesarse, a abrir su corazón…
4 de septiembre
“Hola, Alice, o como quiera que te llames.
No sé por qué, pero necesito contarte que tengo una cita con Damen esta tarde…y tú no vas a convencerme de que no vaya, por mucho que me digas que no me conviene. Encantada de conocerte. Espero que respondas, y conocerte mejor, a pesar de que no hemos empezado con buen pie.
Un beso, Nadia:)”

Nadia comenzó a prepararse para ir a su cita. Debía estar muy guapa. Después de arreglarse, limpió el clarinete como tres veces, antes de decidir que estaba lo suficientemente limpio.
Al echarle un último vistazo al diario, antes de guardarlo, descubrió que tenía un nuevo mensaje.

Hola, Nadia. Veo que no me haces caso, así que te lo repetiré: NO TE CONVIENE SALIR CON DAMEN. Y más te vale hacerme caso, porque de lo contrario te arrepentirás; y luego no me vengas con lloros, diciendo que Damen te ha roto el corazón o algo por el estilo. Yo también espero conocerte más a fondo.
Saludos, Alice.

Nadia estaba completamente indignada. ¿Con qué derecho se atrevía esa tal Alice, de la cual apenas sabía nada, a decirle lo que tenía que hacer y lo que no? Decidió responder a su mensaje.

¿Y en qué te basas para estar tan segura de que Damen no me conviene? A mí me parece un chico encantador, simpático, inteligente y guapo.

A los dos minutos obtuvo su respuesta; empezaron a aparecer letras en tinta, lentamente. Al final las palabras formaron un breve mensaje:

NADIA: YO SALÍ CON DAMEN, Y NO QUIERO QUE TÚ PASES POR LO QUE YO PASÉ.

Nadia no daba crédito a lo que oía. Se quedó petrificada y se sentó en la cama, mirando al frente, con los ojos vacíos.

sábado, 4 de febrero de 2012

Capítulo 3.~Voces que hablan.

Nadia pasó toda la mañana con su nueva amiga Jess, y resultó que tenían un mogollón de cosas en común. Pasearon por la playa, subieron a la colina y hablaron sentadas en un banco.
Jess vivía en la pequeña casa junto al acantilado con su abuela, porque sus padres habían muerto cuando ella tenía 5 años, en un accidente de avión. Su hermano estaba en la universidad, y hacía dos años que no la visitaba.
Quedaron para esa misma tarde.
Nadia subió a su habitación. Era la hora de comer y ya estaban todos sentados a la mesa, pero ella no tenía hambre, así que subió a su habitación, y con Marry You, de Bruno Mars, decidió aprovechar el viejo cuaderno que había encontrado en el cajón y escribir un diario.
3 de Septiembre
“Querido diario:
Hoy comienzo a escribir en este viejo cuaderno mi vida privada; sí, eso que no les cuento ni a mis padres ni a mis amigos.
Comencemos: acabo de mudarme a Priston, y esto no tiene mala pinta, para nada. Hoy mismo he salido a dar una vuelta, y he conocido a una chica genial: se llama Jess, y es muy divertida. Esta tarde hemos quedado para dar una vuelta por ahí, me va a presentar al que dice que es su único amigo. Dice que es guapísimo, que estuvieron saliendo pero que no funcionó. Luego te cuento, que me tengo que preparar ;) ¡Besitos!”

Miró el reloj: las cuatro ¡ya! No le iba a dar tiempo a prepararse. Habían quedado a las cinco con Damen y Jess, ¡y no se había lavado el pelo ni se había arreglado!
--Una hora más tarde--
Nadia estaba más guapa que nunca: se había echado rímel y se había pintado la raya, de color azul, acorde con sus ojos. Llevaba una camiseta de la bandera de EEUU, unos shorts vaqueros desgastados y unas converse rojas. Se había recogido el pelo en un moño deshecho.
Bajó las escaleras sigilosamente, para no despertar a sus padres de la siesta.
-          ¿Adónde vas, Nadia?- le preguntó su padre. Pues no, no estaban en la siesta. Estaban viendo la película que echaban en la Fox.
-          Voy a salir, he quedado.
-          ¿Con quién?
-          Con mi nueva amiga. Se llama Jess, es la chica que vive en la casa del acantilado.
-          Está bien. ¡Diviértete! Y vuelve antes de las 10.
-          ¡Vale!
Se encontró con Jess en la puerta de su casa. Ésta también se había arreglado bastante. Tras los típicos cumplidos, Jess dijo:
-          Vamos a ir a tocar a Damen a su casa. No queda lejos de aquí.
-          Bien.
Tras un incómodo silencio, llegaron a la casa. Era alegre, de color amarillo, y con muchas flores en las ventanas.
-          Te gustará Damen- dijo Jess antes de tocar el timbre.- Es un buen chico, divertido, y además muy guapo.
Salió por la puerta un chico de pelo rubio y con los ojos azules. A Nadia tampoco le sorprendió: había salido con chicos así, y todos eran idiotas. Se saludaron cortésmente, pero estaban bastante cortados. Fue Jess la que rompió el hielo diciendo:
-          Damen, a Nadia le gusta mucho la música; de hecho ella toca el clarinete.
-          ¿En serio?- contestó Damen sorprendido, volviendo la vista hacia Nadia- Ya pensaba yo que era de los únicos músicos de Prinston…te apuntarás entonces al taller de música del instituto, ¿no?
-          ¡Claro!- dijo Nadia, contenta de haber encontrado una afición en común con Damen.- Cuenta conmigo. ¿Y tú qué instrumento tocas?
-          En mi familia la música es una tradición muy arraigada, así que toco el piano, la guitarra, el saxofón y la batería.
-          ¡Wow!- exclamó Nadia.- Eres un hombre orquesta…
-          Digamos que sí.- Damen rió. Aquella chica era realmente simpática…y muy guapa, además.
La tarde transcurrió apaciblemente. Fueron a la playa, y charlaron durante horas, hasta que los últimos rayos del sol despuntaron en el horizonte. Era hora de irse.
En cuanto llegó a casa, Nadia sacó su diario con ansia.

“¡Damen es un chico genial! Es divertido, simpático, guapo, ¡y además es músico! Me encanta. Espero que podamos quedar algún día para ensayar y, quién sabe, quizá surja algo de esas “sesiones de estudio musical”. Siento que es él. El que yo andaba esperando. El indicado. No le suelo hacer demasiado caso a mi corazón, pero esta vez algo me dice que no se equivoca.
Por lo demás sin novedades. Mañana te cuento más sobre mi vida. Ahora me voy a la cama, ya sé que es pronto, sólo son las 11, pero tengo sueño…
Soñaré con él, seguro.
Nadia.”

jueves, 2 de febrero de 2012

Capítulo 2.~Jess.

Nadia se despertó pronto. Era verano, y no se solía levantar a las siete de la mañana cuando no tenía que ir al instituto.
Decidió salir a explorar los alrededores de la casa. Se puso una sudadera, unos leggins y se recogió el pelo, y sigilosamente salió a la calle.
Prinston era un pueblo bastante grande, pero estaba más disperso que Countfield.
Sólo había una casa al lado de la de Nadia. Era una casita pequeña y modesta, construida casi en el borde del acantilado. Nadia pasó por delante de la casa, rumbo a la playa, dirigiéndose al sendero que bajaba a la playa al lado del acantilado.
Alguien la observaba desde una ventana.
Nadia observó la ventana. Había una chica escondida detrás de las cortinas. Alzó la mano y la saludó, haciéndole también un gesto para que bajara.
-          ¡Que no muerdo!- gritó Nadia, en la soledad de la calle.
A los dos minutos la puerta de la casa se abrió, y apareció la chica, vestida con una sudadera y unos vaqueros. Tenía el pelo negro azabache, con leves ondas, los ojos profundamente verdes, la piel blanca como la nieve. Se Acercó tímidamente hasta Nadia.
-          Hola- dijo la chica.- Te vi llegar ayer a Prinston.
-          Ah, sí, es que me acabo de mudar. Soy Nadia.
-          Yo me llamo Jessica, pero puedes llamarme Jess. Prinston parece un lugar perfecto para vivir, ¿eh?
-          La verdad es que sí. La playa, el sol, el paisaje…parece el paraíso. ¿Vas al instituto Kellerman?- Nadia iba a empezar las clases en dos semanas, en el instituto Kellerman de Prinston.
-          Pues no confíes mucho en las apariencias. Prinston es el lugar más aburrido del mundo. Lo que daría por vivir en cualquier otro lugar del mundo. Sí, voy al Kellerman, pero tampoco tengo muchos amigos, que digamos.
-          Ah…-Nadia estaba sorprendida por lo que Jess le acababa de decir de Prinston.- Bueno, ya tienes una amiga, justo enfrente de ti.
Las dos rieron, contentas porque ya nunca volverían a sentirse solas.

Capítulo 1.~Una vida nueva.

Era uno de esos días que parece que han perdido la vitalidad por completo, de esos que te consiguen quitar hasta la mejor de tus sonrisas. Nadia observaba el paisaje de Countfield, el pequeño pueblo donde había vivido los últimos 13 años, es decir, desde que tenía 3 años. El tiempo había pasado tan deprisa…atrás quedaban los juegos en el parque, las caídas en bici, el colegio y los amigos de siempre. Era hora de empezar de nuevo.
Casi todas las pertenencias de la familia Baker estaban ya empaquetadas en cajas. Si se daban prisa podrían salir en un par de horas hacia su nuevo hogar.
-          Nadia, cariño, ayúdanos a meter las cajas en el coche- gritó su madre, Ruth, desde la planta baja.- Nos vamos en media hora como mucho.
Nadia cogió las cajas donde tenía todas sus pertenencias y bajó al garaje, donde comprobó que el coche estaba ya repleta de cosas. Patrice, su hermana pequeña, ya estaba sentada en un asiento trasero del coche, viendo Shrek Tercero en el DVD portátil.
-          Bueno, familia,- sentenció Paul, el padre de Nadia- nos vamos. Decidle adiós a nuestra querida casita.
Nadia entró en el monovolumen Chrysler, encendió su iPod y puso Someone Like You, de Adele. La canción era perfecta para ese día tan lúgubre.
El coche arrancó y se alejó a toda velocidad de la casa. Nadia se dio la vuelta para ver por última vez al que había sido su hogar durante prácticamente toda su vida. Nada volvería a ser igual, nunca.
***
--Unas horas más tarde--
La casa era grande, bastante más grande que la que habían dejado atrás. Las habitaciones estaban bañadas por una luz cálida y veraniega. Prinston estaba casi siempre soleado, y era bastante cálido. La habitación de Nadia estaba situada en la buhardilla. Era de color verde pistacho, su color favorito, y era muy acogedora. Había por ahí una hamaca colgando del techo, una cama, una cómoda y un escritorio, situado enfrente de una de los dos ventanucos, desde donde se veía la playa, los prados y la preciosa puesta de sol.
“No cabe duda de que esto está muy bien”, pensó Nadia, “pero esto hay que personificarlo un poco”.
Nadia cogió las cajas que había subido a la habitación, y que contenían todas sus cosas, y empezó a sacarlas y a buscarles un sitio en su nuevo cuarto. Tras ordenar su ropa en la cómoda y el armario que habían traído de la otra casa, comenzó a colocar cosas en el escritorio.
Abrió el primer cajón. Había un cuaderno dentro.
El cuaderno era de color marrón, con las tapas de cuero. Parecía viejo, desgastado con los años. Como si hubiera vivido muchas cosas, como si albergara millones de recuerdos en su interior. Nadia lo abrió. En la primera página había algo escrito: Mi diario.
“Ah, sería el diario de la anterior dueña de esta casa”, se dijo Nadia. Tras hojear las páginas del cuaderno, se extrañó al ver que estaban todas en blanco. Al no encontrar nada de interesante en el viejo diario, lo dejó donde estaba y colocó cosas encima, olvidándose de él.
Pronto volvería a sacar el cuaderno del cajón, aunque eso ella no lo sabía todavía.

lunes, 16 de enero de 2012

Ü

Recuerda que eres único, al igual que el resto de la humanidad.
El amor es odio. No he dicho nada que nadie sepa. 
Tan pronto estás amando a una persona, tanto que darías tu vida por ella, como otras veces quieres matar a esa persona, te gustaría que sufriera todo lo que te ha hecho sufrir a ti.
El amor acarrea días de subidón, y de bajón. Porque las personas no conocemos el término medio. O amor y odio, o ninguna de las dos cosas.

1.

No existe el bien ni el mal. Las acciones, las personas, las cosas, las situaciones, no son buenas o malas, tan sólo depende de la persona, de cómo ella lo interprete.
El bien y el mal están separados por una línea casi inexistente. Opuestos, unidos.
Porque cuando piensas en hacer una buena acción, haces sufrir a la otra persona. Y cuando intentas joderle la vida a alguien, se da la vuelta a la tortilla. Todo está tan cercano, tan unido...
...que casi hasta me da miedo.