jueves, 2 de febrero de 2012

Capítulo 1.~Una vida nueva.

Era uno de esos días que parece que han perdido la vitalidad por completo, de esos que te consiguen quitar hasta la mejor de tus sonrisas. Nadia observaba el paisaje de Countfield, el pequeño pueblo donde había vivido los últimos 13 años, es decir, desde que tenía 3 años. El tiempo había pasado tan deprisa…atrás quedaban los juegos en el parque, las caídas en bici, el colegio y los amigos de siempre. Era hora de empezar de nuevo.
Casi todas las pertenencias de la familia Baker estaban ya empaquetadas en cajas. Si se daban prisa podrían salir en un par de horas hacia su nuevo hogar.
-          Nadia, cariño, ayúdanos a meter las cajas en el coche- gritó su madre, Ruth, desde la planta baja.- Nos vamos en media hora como mucho.
Nadia cogió las cajas donde tenía todas sus pertenencias y bajó al garaje, donde comprobó que el coche estaba ya repleta de cosas. Patrice, su hermana pequeña, ya estaba sentada en un asiento trasero del coche, viendo Shrek Tercero en el DVD portátil.
-          Bueno, familia,- sentenció Paul, el padre de Nadia- nos vamos. Decidle adiós a nuestra querida casita.
Nadia entró en el monovolumen Chrysler, encendió su iPod y puso Someone Like You, de Adele. La canción era perfecta para ese día tan lúgubre.
El coche arrancó y se alejó a toda velocidad de la casa. Nadia se dio la vuelta para ver por última vez al que había sido su hogar durante prácticamente toda su vida. Nada volvería a ser igual, nunca.
***
--Unas horas más tarde--
La casa era grande, bastante más grande que la que habían dejado atrás. Las habitaciones estaban bañadas por una luz cálida y veraniega. Prinston estaba casi siempre soleado, y era bastante cálido. La habitación de Nadia estaba situada en la buhardilla. Era de color verde pistacho, su color favorito, y era muy acogedora. Había por ahí una hamaca colgando del techo, una cama, una cómoda y un escritorio, situado enfrente de una de los dos ventanucos, desde donde se veía la playa, los prados y la preciosa puesta de sol.
“No cabe duda de que esto está muy bien”, pensó Nadia, “pero esto hay que personificarlo un poco”.
Nadia cogió las cajas que había subido a la habitación, y que contenían todas sus cosas, y empezó a sacarlas y a buscarles un sitio en su nuevo cuarto. Tras ordenar su ropa en la cómoda y el armario que habían traído de la otra casa, comenzó a colocar cosas en el escritorio.
Abrió el primer cajón. Había un cuaderno dentro.
El cuaderno era de color marrón, con las tapas de cuero. Parecía viejo, desgastado con los años. Como si hubiera vivido muchas cosas, como si albergara millones de recuerdos en su interior. Nadia lo abrió. En la primera página había algo escrito: Mi diario.
“Ah, sería el diario de la anterior dueña de esta casa”, se dijo Nadia. Tras hojear las páginas del cuaderno, se extrañó al ver que estaban todas en blanco. Al no encontrar nada de interesante en el viejo diario, lo dejó donde estaba y colocó cosas encima, olvidándose de él.
Pronto volvería a sacar el cuaderno del cajón, aunque eso ella no lo sabía todavía.

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