Nadia se despertó pronto. Era verano, y no se solía levantar a las siete de la mañana cuando no tenía que ir al instituto.
Decidió salir a explorar los alrededores de la casa. Se puso una sudadera, unos leggins y se recogió el pelo, y sigilosamente salió a la calle.
Prinston era un pueblo bastante grande, pero estaba más disperso que Countfield.
Sólo había una casa al lado de la de Nadia. Era una casita pequeña y modesta, construida casi en el borde del acantilado. Nadia pasó por delante de la casa, rumbo a la playa, dirigiéndose al sendero que bajaba a la playa al lado del acantilado.
Alguien la observaba desde una ventana.
Nadia observó la ventana. Había una chica escondida detrás de las cortinas. Alzó la mano y la saludó, haciéndole también un gesto para que bajara.
- ¡Que no muerdo!- gritó Nadia, en la soledad de la calle.
A los dos minutos la puerta de la casa se abrió, y apareció la chica, vestida con una sudadera y unos vaqueros. Tenía el pelo negro azabache, con leves ondas, los ojos profundamente verdes, la piel blanca como la nieve. Se Acercó tímidamente hasta Nadia.
- Hola- dijo la chica.- Te vi llegar ayer a Prinston.
- Ah, sí, es que me acabo de mudar. Soy Nadia.
- Yo me llamo Jessica, pero puedes llamarme Jess. Prinston parece un lugar perfecto para vivir, ¿eh?
- La verdad es que sí. La playa, el sol, el paisaje…parece el paraíso. ¿Vas al instituto Kellerman?- Nadia iba a empezar las clases en dos semanas, en el instituto Kellerman de Prinston.
- Pues no confíes mucho en las apariencias. Prinston es el lugar más aburrido del mundo. Lo que daría por vivir en cualquier otro lugar del mundo. Sí, voy al Kellerman, pero tampoco tengo muchos amigos, que digamos.
- Ah…-Nadia estaba sorprendida por lo que Jess le acababa de decir de Prinston.- Bueno, ya tienes una amiga, justo enfrente de ti.
Las dos rieron, contentas porque ya nunca volverían a sentirse solas.
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